EL PRINCIPIO DE PETER

EL CRISTAL CON QUE SE MIRA #183

EL PRINCIPIO DE PETER

Hay veces en las que uno no sabe apreciar el valor de tener en casa un televisor inteligente de esos que llaman Smart TV. Hasta que pasan ciertas cosas…

El pasado domingo, a falta de conexión con televisiones de pago para ver el partido entre el Ferrol, antes conocido como el Ferrol del Caudillo, y el Sevilla Fútbol Club, traté de sintonizar la cadena oficial del club en la tele de casa. Cuál fue mi sorpresa cuando en la pantalla me apareció un mensaje anunciando que la conexión con dicha señal no era posible. Era la primera vez que me pasaba.

Como buen informático que no soy, apagué, desenchufé todos los cables, los volví a enchufar y volví a encender la tele. Nada. La emisora solicitada no emitía señal alguna…

Así que me quedé con las ganas de escuchar la retransmisión del partido y de sus comentarios correspondientes en las voces de nuestros más acérrimos profesionales del directo. Y mira que lo lamenté, porque uno es muy fan de los peinaditos que saca Antoñito, valga la rima, que siempre le hago captura de pantalla y, cuando voy al peluquero a que me pele, le enseño la foto y le digo “como te dé la gana menos así”.

Afortunadamente, y de esto ya me enteré al día siguiente, también me perdí el bochornoso espectáculo protagonizado por un tal Sergio Ramos al finalizar el partido.

Parece ser que el susodicho personaje fue requerido por las televisiones oficiales para que formara parte, como uno más, del panel que incluye los logotipos que patrocinan el invento y que disfrazan como “primeras impresiones de los protagonistas”.

Pues bien, como seguramente ustedes ya conozcan, el tal Sergio Ramos, lejos de asumir la vergüenza de partido que se había marcado para su propio currículum vitae, no dudó en interrumpir sus sabias palabras a cámara para increpar a un aficionado que, al parecer, le estaba recriminando lo obvio y al que, en un alarde de gallardía, le pidió respeto.

En el mundo empresarial, hay una ley no escrita pero ampliamente publicada, original de un tal Laurence Johnston Peter, profesor canadiense afincado en California, y conocida comúnmente como “Principio de Peter”, cuyo enunciado fundamental reza así:

“En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”, lo que viene a significar que hay trabajadores que cada vez van adquiriendo más responsabilidad y jerarquía en su desempeño laboral hasta que llega un momento en que el puesto les viene demasiado grande y fracasan estrepitosamente.

Y eso es, ni más ni menos, lo que le ha pasado al tal Sergio Ramos. Quien fuera joven promesa en la cantera del Sevilla Fútbol Club, quien fuera fichaje relumbrón en el sacrosanto Real Madrid, quien conquistó Ligas y Copas de Europa, quien ganó un Mundial… Quien ascendió hasta meter la cabeza en el Olimpo de los señalados, es hoy un vergonzoso maleducado que porta en su camiseta un escudo que le queda demasiado grande.

El tal Sergio Ramos se encaró el pasado domingo, al finalizar el partido, con un aficionado que le increpaba mientras él trataba de largar las obviedades típicas delante de una cámara de televisión. Y le pedía a voz en grito respeto al aficionado…

En el fútbol, sólo hay dos cosas sagradas y que merecen el máximo respeto. En primer lugar, la pelota. Y, en segundo lugar, el aficionado, el socio, el abonado, el accionista. El resto es circunstancial. Los entrenadores, los directivos, los jugadores vendrán y se irán. Pero la pelota y el aficionado son para toda la vida.

Cuando el tal Sergio Ramos increpa a un aficionado y le pide respeto es  un claro síntoma de que ha llegado a su máximo nivel de incompetencia. El escudo del Sevilla Fútbol Club le queda muy grande. Tiene demasiados tatuajes en el cuerpo como para poder lucirlo con honor en el pecho. Si quiere respeto, que se lo gane. Y tonterías, las justas.

EDUARDO CRUZ ACILLONA

Publicado en La Colina de Nervión. 10/1/2024.